Oligarquía, el mal endémico de la izquierda política

“Quien dice organización, dice oligarquía”

“La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores”. Robert Michels

La desafección del ciudadano con la política y sus élites, es algo reiterativo en la historia de la humanidad, A principios del siglo XX Robert Michels profundizaba e investigaba sobre la oligarquía en el seno de los partidos políticos, y llegaba a la conclusión que cualquier organización política, en el tiempo, se vuelve oligárquica, lo que implica que sus élites matizarán el fin colectivo en función de su supervivencia. Michels veía como inevitable este proceso de conversión de las organizaciones, lo que desembocaba siempre en la degradación y en muchos casos en la defunción de la organización.

Por desgracia para la izquierda política de este país, el desarrollo interno de prácticas oligarquistas han supuesto, que no disponga en estos momentos de un protagonismo político proporcional a su base social potencial. Resaltar que la base social de un país, más allá de las estructuras de renta, se debe definir y objetivizar como el conjunto de personas de una sociedad que tienen como valor fundamental el sentido colectivo de las cosas, como expresión máxima de su visión de libertad individual. En una palabra, se sienten felices cuando son capaces de conseguir logros y retos personales, en un entorno social equilibrado, equitativo y con esperanza de futuro.

En este contexto, los incipientes líderes potenciales que quieran conectar realmente con esa base social, deberían trabajar mas sobre el concepto de la reunificación de la izquierda, como un ejercicio de empoderamiento del conjunto de los ciudadanos, en contrapartida frontal con los liderazgos políticos basados exclusivamente en la representatividad sin condiciones, arbitraria y discrecional. Esa representatividad con la que funciona la actual élite política se ha degradado de tal manera, que ha eliminado los interfaces de conexión con el ciudadano, independizando la acción gubernamental de las necesidades y prioridades de la base social.

Para poder revertir este bucle oligarquísta que impregna la política actual, es necesario echar la vista atrás y recuperar aquellas cuestiones que en el pasado reciente  nos ayudaron a conectar con los ciudadanos. Una de estas cuestiones es el desarrollo de una base real de prescriptores. En la década de los 80, la integración de las fuerzas políticas de la izquierda con la base social era amplia, entre otras cosas, porque se practicaba un multi-liderazgo social coordinado, a través de multitud de prescriptores en todos los órdenes de la vida cotidiana. Educadores, profesionales liberales y públicos, líderes de asociaciones y organismos vecinales, gremiales, sindicales, etc, eran el interfaces de conexión con los partidos políticos y los que realmente trasladaban el ideario y los mensajes a la población. La única contrapartida que al ser los líderes naturales del colectivo ejercían un mayor nivel de exigencia y control a los actores de la coordinación política y estructural. Hablando en “román paladino” no estaban contaminados por esta epidemia oligarquista que alcanza inclusive a los nuevos actores en el escenario político, y ejercían mas presión sobre las élites políticas.

Es curioso comprobar, por ejemplo en el mundo universitario, que las personas más significadas con los diferentes partidos políticos en la comunidad educativa, aunque en muchos casos les sobran conocimientos, carecen de una interacción real con el conjunto de los estudiantes y no son líderes naturales de esas comunidades. En el mismo caso están los líderes sindicales de base, antaño eran gente muy respetada en sus entornos de actuación y por ende sus criterios eran también muy valorados, pero también han sucumbido a los influjos maléficos de la oligarquía.

Si queremos volver a tener una integración real con la base social de este país, necesitamos recuperar esos interfaces, volver a conectar con la población a través de personas que los demás reconozcan, valoren y respeten. En estos momentos, la mayoría de las personas que representan en la base social a estas organizaciones, están alejados de la realidad y en muchos casos defienden exclusivamente intereses personales y/o gremialistas, perdiendo legitimidad y el verdadero sentido de su propia identidad.

No debemos perder la esperanza, la evolución social es inevitable, y como diría el gran pensador y poeta libanés Khalil Gibran:

“En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente”

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